El hombre a medida de que interactúa en un espacio; lo transforma o lo piensa acorde a sus necesidades.
Estas son algunas de las lecturas a ese espacio; del espacio considerado urbano. En aras a la globalización; a los proyectos modernos; existen poblaciones que se posicionan desde lo “ambiental”; considerando que a medida de que estos espacios son transformados; cambia no solo un espacio físico; (lo que aún se puede percibir como vida en el planeta); sino las relaciones con este.
Un espacio que se ve transformado por los estilos de vida de hoy; a medida que el hombre busca el equilibrio; se ve permeado a su vez por la inestabilidad. Una de estas situaciones es la denominada: falta de calidad de vida. No solo por el estrés que ocasiona cada árbol suplantado por un bloque de cemento; que genera contaminación visual y auditiva; afectando la salud; y aun siendo conscientes es inevitable dejar de habitar estos espacios; porque ante la industrialización, el capitalismo; el consumo; el ser humano buscando dar prioridad a lo que considera importante; se olvida lo prioritario: el ecosistema; la naturaleza; la cual ante las acciones del hombre; ante ese espacio transformado arroja consecuencias nefastas y devastadoras.
De las anteriores situaciones mencionadas; se puede conocer diversas posturas: una sociedad que se asombra por lo ocurrido buscando una conciencia ambiental; reclamando los espacios de antes que les permitía hacer otro tipo de actividades; especialmente sentirse sanos; o aquella población que acoge estas propuestas; porque comparte los mismos interés y otros que aun sin estar de acuerdo; no les queda más opción; por la cuestión del consumo.
Contamos con múltiples espacios; la mayoría transformados por la mano del hombre. Cada espacio tiene su dinámica; pero ante la diversidad; el hombre se ve sumergido en la complejidad.
Quisiera el hombre hacer esto posible: un crecimiento económico sin afectar su calidad de vida (específicamente su salud); logrando así hoy en día pensar los espacios habitados y los espacios anhelados; buscando estrategias; nuevos diseños; donde la arquitectura incursiona atendiendo; la diversidad; lo que requiere la actualidad.
Uno de los espacios que me he detenido a analizar es el municipio de Medellín; esta ciudad que concurrimos y que muchos estamos acostumbrados a ver; que podemos sorprendernos ante un nuevo proyecto o como futuros arquitectos; visionamos en este espacio; haciendo diferentes lecturas de este; considerando la población de hoy y las necesidades futuras.
Una ciudad no ajena a las dinámicas del planeta; que igual es permeada; como otros territorios; de lo público y lo privado, del patrimonio, de la cultura, la educación. Una ciudad que es habitada de manera diferente; por la diversidad de su población.
No es lo mismo leer el espacio de Medellín en una comuna; a leerlo en el centro de esta ciudad, al norte o al sur. Se habla de contextos diversos; a los que muchas personas denominan como un todo.
Y cada persona transita estos espacios; se piensa en la inseguridad de los ciudadanos; en la educación, en la cultura; en crear nuevas bibliotecas; parques etc ¿pero realmente esto atiende a la seguridad? O se está desplazando el problema. Si realmente se piensa en una cultura ¿será posible aprender sin atender a las necesidades prioritarias: salud, alimentación, acceso a una actividad económica?
Es por esto que estos mismos espacios transformados; a pesar de su estética; de lo bella que se pueda percibir la ciudad nos deja una transformación marcada por el tiempo; no es lo mismo habitar Medellín de día; que Medellín de noche; parecen dos ciudades en una.
Esto ocurre en una pequeña ciudad; un conocido o desconocido espacio para otros; pero que es semejante para todos desde su cotidianidad.
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